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martes, 10 de enero de 2012

Una búsqueda frustrada

Hace poco leí un artículo de Rosa Montero donde explica nuestra incesante necesidad de compartir los que nos gusta y conmueve. Con esta lectura vagué por mis recuerdos y me trasladé mi búsqueda frustrada por una pareja con la cual compartir mis gustos y emociones, alguien que se pudiera estremecer como yo al escuchar Insensatez de Fernanda Takai, que pudiera sentir tocado el corazón con el final de El país de las últimas cosas. En fin, buscaba alguien idéntico en pensamientos y conmociones. Sin embargo, como bien lo explica también Rosa en su artículo, llegué a la conclusión que tal posibilidad es imposible, que es erróneo pretender encontrar a alguien que comparta con nosotros todo y que nosotros transpiremos a través de él. Como ella coincido en que es preferible, después de tantas reflexiones, describir de la mejor manera posible aquello que nos excita el corazón, escribir lo que nos transporta el alma a regiones superiores, así seremos capaces de disfrutar la belleza que nos asalta, de transmitirla a otros, y tal vez, en el más esperanzador de los casos, hallar al otro lado del mundo quien sienta el mismo escalofrío ante ínfimas cosas que nos emocionan.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Antídoto recurrente

Caen sobre mis ojos las imágenes viejas de los momentos vividos con otras personas, recuerdo lo que hacía en tiempos pasados con gente que ahora ya no figura en mi vida. Me pregunto ¿cómo fluye la existencia de los otros?, ¿han hecho realidad sus planes o se sumergen como yo en proyectos futuros tal vez inalcanzables? No sé, no sé dónde están todos aquellos que sonríen en mi memoria, ésos que lloran unas veces y que gritan de hilaridad otras. Recuperar en momentos de soledad la tristeza y la felicidad de antaño se vuelve en un antídoto recurrente para soportar el presente.