Siempre me han gustado las pequeñas manchas blancas que aparecen en mis uñas. A pesar de que resultan ser consecuencia de una mala alimentación y de ciertos golpecitos sobre mi cutícula, me gusta imaginarlas como nubes en el inmenso cielo.
Hacía mucho que no tenía una de éstas. Apareció hace unos meses, revistiendo y embelleciendo a mi dedo favorito, el anular. Conforme el tiempo ha pasado, la pequeña nubecita avanza hacia el final y próximamente desaparecerá con el corte de mi uña.
Será triste perderla de vista, porque su presencia me traslada a muchos lugares: imaginarios, algunos; del pasado, otros; y también a un presente que poco a poco voy queriendo olvidar.
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