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lunes, 23 de enero de 2012
Las muchas cosas ocultas
Observar es darte cuenta de las muchas cosas ocultas en tu entorno: rostros que se esconden tras una fingida pose de bienestar, miradas llenas de recelo por aquello que has logrado, gestos en busca de sexo ocasional, sonrisas de satisfacción por tenerte a lado, burlas inesperadas ante la expresión de tus ideas, caricias imperecederas de ser humano que más te ama, desdén por tu compañía.
Todo está ahí, contigo, se posa en los costados de tu cuerpo para decirte que la vida es esto, esto aquí y ahora, de una manera u otra, con eclipses veraniegos y canículas invernales, todo contenido en la balanza de tu memoria, balanza que a veces se inclina por lo que te daña, que cae abruptamente hacia el lado más triste de tu vida, pero que en otras ocasiones deja que los buenos momentos ganen la partida. Así se pasa de un lado para el otro, de una lágrima rota a un distensión de labios, de un anhelo a un rechazo, del deseo a la repulsión.
Hoy no importa que todo esté gris, porque incluso desde ahí puedo reescribir mi historia y formular las preguntas adecuadas para continuar. Hoy es uno de esos tantos días en que no deseo nada ni a nadie, porque no tengo nada ni a nadie que no sea yo misma a través lo poco que esas cosas ocultas me han demostrado, por muy doloras y satisfactorias que me sean.
lunes, 20 de diciembre de 2010
Antídoto recurrente
Caen sobre mis ojos las imágenes viejas de los momentos vividos con otras personas, recuerdo lo que hacía en tiempos pasados con gente que ahora ya no figura en mi vida. Me pregunto ¿cómo fluye la existencia de los otros?, ¿han hecho realidad sus planes o se sumergen como yo en proyectos futuros tal vez inalcanzables? No sé, no sé dónde están todos aquellos que sonríen en mi memoria, ésos que lloran unas veces y que gritan de hilaridad otras. Recuperar en momentos de soledad la tristeza y la felicidad de antaño se vuelve en un antídoto recurrente para soportar el presente.
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