viernes, 15 de febrero de 2013

Termino de leer



Termino de leer El último tango de Salvador Allende y me queda un sabor curioso en la boca. Chile últimamente se me ha presentado como un país atractivo, a pesar de que nada sabía, ni sé él. No, la película de Pablo Larraín que cuenta sobre la campaña publicitaria que ayudó a terminar con la dictadura de Pinochet, paralizó mis pensamientos y puso a mil por hora los cuestionamientos sobre la situación de mi país. Creo captar la misma sensación en la actuación de Gael García, quien al final del film no puede evitar mostrar una melancolía, una especie de celo, un hasta cuándo sería posible eso en México, porque la película levanta el ánimo y muestra de la manera sencilla cómo convencer al pueblo de que las cosas deben ser diferentes. Algunos dirán que no fue sólo la campaña la que terminó con el dictador, sino el abandono al que lo sometieron los militares; pero dicha variación, de acuerdo con la película, se logró al cambiar la perspectiva de los chilenos por medio de los comerciales de la oposición.
            Pues bien, el Chile de No es también el Chile de Roberto Ampuero, el de El último tango de Salvador Allende, novela histórica que aborda la caída del doctor Salvador Allende, un burgués interesado por el pueblo a tal grado de ser presidente e impulsar el socialismo en Chile por la vía democrática, ese hombre es también un pésimo bailarín de tango, pero no por eso menos interesado en él, y un idealista de los que ya quedan pocos. La novela es narrada por un ex agente secreto estadounidense que impulsó el derrocamiento de Allende en los años setenta y que ahora vuelve a buscar el pasado de su hija muerta que estuvo enamorada de un socialista, ironías de la vida. Además de los personajes centrales también se aparecen un Fidel Castro cobarde y un Pinochet, algo que ya se sabe, traidor; a los dos los delatan sus manos tersas y delicadas.
            Al leer la última página de este libro me sentí de nuevo enrarecida, algo que tomo como parámetro para las que considero buenas novelas. Rara, entonces, porque quería saber más del doctor y de su amigo el panadero, rara también porque imaginaba al ex agente entregando las cenizas de su hija y más rara todavía porque ahora quiero saber si el deseo por un mejor país se proyecta como el horizonte, siempre inalcanzable, y si los hombres que aún persiguen ese anhelo terminan perdiendo la voz o dejando sus manos al cuidado de un buen manicurista. 

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