Por reiterada recomendación de una muy buena amiga, hoy vi La vida de Adèle. Y me encuentro frente
a una mujer fuera de lugar todo el tiempo. Pocas son sus sonrisas y a pesar de
que lo tiene todo, en sentido amoroso de la palabra, está ¿insatisfecha?, no lo
sé. Existe algo en ella que no termina por llenarla por completo, busca su
sexualidad a lado de Emma, pero termina siéndole infiel con un hombre, sin
saber si quiera la razón.
¿Por qué me es tan cercano este
personaje? Bueno, pues porque compartimos esa sensación de estar y no estar,
tan reiterativo en mí últimamente. Es una sensación confusa, es como quererlo
todo y al mismo tiempo no querer nada. Nos dejamos llevar por la corriente, por
el mar calmo de medio día, y de pronto nos descubrimos en un lugar que no termina
por llenarnos, que nos deja un leve sabor de extrañeza, de rarificación, de no
sentirnos reales ni plenos por completo. ¿Acaso todos los demás fingen esa
complementariedad en sus vidas? ¿O será posible que Adèle y yo seamos las
únicas foráneas en este mundo plagado de amores y desamores que no terminan por
realizarse?
La narración de la película
sorprende. Anuncia varios clichés que nunca se cumplen, he ahí su grandeza. Pensamos
que Adèle seguirá el consejo de Emma y escribirá novelas para niños, lo que la
convierte en una escritora famosa. También creemos que viajará a Nueva York para
encontrarse a sí misma y descubrir el mundo. Luego, al final, esperamos que
mientras camina sola por la calle, escapando de la exposición de su ex novia,
el tipo sexy la alcanzará y comenzarán una nueva historia juntos, pero no es
así; ella da vuelta en una esquina y se pierde, sola. De pronto, inconscientemente, hallamos
sensaciones viejas en cada una de estas escenas, deseos y pasiones apaciguados
por la quién sabe qué contratiempo, añoranzas de finales de películas hollywoodenses
y la decadencia de nosotros mismos en los ojos de esta chica.
La
vida de Adèle, y esto va
para todos los morbosos, no es la historia de una lesbiana; es más bien la
búsqueda de la esencia de una mujer que se convierte en reflejo de ambos géneros.
Una búsqueda no meditada. Ella existe cada día para ser, aunque no tenga fin
absoluto ni camino trazado. Somos responsables de quienes somos, ¡qué carga tan
grande!, porque nunca sabemos cuándo tenemos que preguntar o si la respuesta
realmente es necesaria. La única solución viable es contestar a todo con un “no
lo sé”.

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