miércoles, 1 de octubre de 2014

Día 8

Dejé el Facebook hace unos días, ¿qué he conseguido de esto? Menos cigarrillos y 10 cuartillas de un texto amorfo que no tengo las más remota idea para qué funciona o a qué obedece, simple y sencillamente fluye todos los días. El tema se ofrece a la imaginación y los dedos escriben. Existe una especie de estado alterado de la conciencia donde mis oídos se quedan un poco sordos, escuchan el eco de la realidad del otro lado. La mente cierra una parte y se abre otra. Aunque al mismo tiempo mantengo la atención para lo que pasa afuera, siempre le presento mayor contento a este lado de la realidad donde el sonido del reloj se acompasa con el latir de mi corazón sobre mis párpados cerrados. Nada existe acá que no sea posible, viajo en una especie de corriente donde cada murmullo se amolda a mi cuerpo y a lo que quiero decir.   
            Empiezo a creer en la mentada pulsión que los escritores sienten por escribir. En algunos momentos de mi vida había sido experimentada, pero casi siempre la anegaba y abandonaba, me sentía incapaz para decir todo esto que ahora puja por salir. Y quién sabe a dónde me lleve, no sé si mañana continúe, a lo mejor se pasa la euforia en cuanto termine mi síndrome premestrual, o tal vez consiga salir de la seudodepresión que invade mi metabolismo; ni idea, ni deseo de averiguarlo. Ahora sólo me dejo navegar y que el cursor decida.
           
En el día 8 de este texto, así son las cosas. 

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