Dejé el Facebook hace unos días, ¿qué
he conseguido de esto? Menos cigarrillos y 10 cuartillas de un texto amorfo que
no tengo las más remota idea para qué funciona o a qué obedece, simple y
sencillamente fluye todos los días. El tema se ofrece a la imaginación y los dedos
escriben. Existe una especie de estado alterado de la conciencia donde mis
oídos se quedan un poco sordos, escuchan el eco de la realidad del otro lado. La
mente cierra una parte y se abre otra. Aunque al mismo tiempo mantengo la
atención para lo que pasa afuera, siempre le presento mayor contento a este
lado de la realidad donde el sonido del reloj se acompasa con el latir de mi
corazón sobre mis párpados cerrados. Nada existe acá que no sea posible, viajo
en una especie de corriente donde cada murmullo se amolda a mi cuerpo y a lo
que quiero decir.
Empiezo
a creer en la mentada pulsión que los escritores sienten por escribir. En algunos
momentos de mi vida había sido experimentada, pero casi siempre la anegaba y
abandonaba, me sentía incapaz para decir todo esto que ahora puja por salir. Y quién
sabe a dónde me lleve, no sé si mañana continúe, a lo mejor se pasa la euforia
en cuanto termine mi síndrome premestrual, o tal vez consiga salir de la
seudodepresión que invade mi metabolismo; ni idea, ni deseo de averiguarlo. Ahora
sólo me dejo navegar y que el cursor decida.
En el día 8 de
este texto, así son las cosas.
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