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sábado, 16 de noviembre de 2013

Mi versión de un cronopio

El hombre actual vive en una constante incertidumbre, busca por todos lados algo que anime su espíritu y lo reviva, porque sin eso se siente muerto, sin motivo, sin razón de existencia. Algunos, que son la mayoría, hallan esa satisfacción, llenan ese vacío ontológico, en la acumulación de bienes, en la obtención y ostentación de poder. Sin embargo, quedan unos cuantos que no encuentran medio para reconocerse plenos. Ellos saben y sienten que más allá de sí mismos nada vale la pena; que otra cosa que no exista con base en la prolongación con su entorno, no merece la pena. Ellos saben, también, que la vida está en otra parte, sienten un aleteo profundo que les exige salir, pelear, buscar, observar, reconocer, ser.
            Los más perdidos son estos últimos. Porque en el mundo que los rodea, jamás sus anhelos tendrán prioridad, jamás sus ideas serán primarias; el sistema no funciona así. Es por eso que se pierden, es por eso que se idolatran a sí mismos, es por eso que mueren bajo máscaras. Es por eso, también y sobre todo, que entablan relaciones ilusorias, es por eso que crean mundo alternos de imposible realización. Es por eso que se enamoran de personas ficticias e imaginarias. Es por eso que siguen solos, viven solos, mueren solos.
            Pero hay algo que es imprescindible rescatar de este tipo de personas: su anhelo por reconstruirse, por fundirse con todos los resquicios de la realidad, de la realidad realidad, ésa que pervive en los barrios bajos de esa otra pragmática; la que sólo es vista con la lente del extrañamiento, con el ojo avizor de quien voltea una tarde y reconoce el sabor de una mirada, reconoce la infinitud de un instante, quien siente que la eternidad no está determinada por una línea temporal, sino por una expansión del ser, y esa expansión no se rige por relojes ni itinerarios; llega ciertas ocasiones de la vida y se agota entre más se es fama y no cronopio.



sábado, 14 de enero de 2012

Vivir y repensar lo vivido. Defensa

Si la vida humana tiene una forma, aunque sea fragmentaria, aunque sea misteriosa, esa forma es la de una narración: la vida se parece a una novela. Eso significa que el yo, que es dispersión y actividad, se constituye como una unidad de sentido para sí mismo en la temporalidad de una historia, de un relato. Y significa también que el tiempo se convierte en tiempo humano en la medida en que está organizado (dotado de sentido) al modo de un relato.
Jorge Larrosa

La vida es narración. Y bajo este postulado básico se construye uno esencial para el hombre: la interpretación que hace de sí mismo implica su construcción como personaje de una novela. Contar lo que pasa, lo que acontece, lo que nos llega es un ejercicio hermenéutico del yo en el entramado de relaciones sociales del que forma parte. Encontrar una singularidad con base en una construcción acertada de la identidad se transforma en el tesoro perdido, saber narrar y reconocer que lo que se narra es parte esencial de un autoconocimiento que involucra una desmitificación de construcciones claramente enajenantes, donde el ser humano vacía todas sus esperanzas.
La conformación social del hombre contemporáneo crea una enorme insatisfacción anímica, la existencia se rodea de una serie de elementos que poco valor tienen para la configuración de un individuo feliz. En la actualidad la aceptación de una idea de riqueza personal basada en la autointerpretación es una propuesta irrisoria para la mayoría; palabras como introspección e intimidad son abandonadas para el mundo femenino y consideradas como rasgos de debilidad.
Sin embargo, reflexionar sobre la importancia de una subjetividad desaforada como método de comprensión del yo es la vía adecuada para la consolidación de un concepto de ser humano más rico, completo y acertado. Así también el reconocimiento de las experiencias vitales es el camino correcto para la transformación del hombre con una mejor calidad ética de vida. En este sentido, la literatura facilita el camino al describir una concienciación del hombre a través de las vicisitudes de su existencia. Los personajes literarios construyen su identidad al narrativizarse, al hacerse personajes de su propia vida y al contarla en voz propia o por medio de otro.
Las experiencias de las ficciones narrativas permean en la definición de quiénes somos, pueden hacer nuestro autoanálisis más rico y nítido o más ambiguo y borroso. A partir de la literatura nuestra interpretación se vincula directamente a un nosotros colectivo, no a una idea esencialista de lo que somos ni a una tradición inasible, sino a la presencia del hombre en confrontación con su entorno. Cuando contamos nuestra vida a otro, cuando nos hablamos en la privacidad de la habitación, construimos una idea de lo que somos, con nuestras palabras creamos un personaje que transita a nuestro lado durante toda la vida.
Por todo lo anterior, la necesidad de análisis literarios que rescaten estos rubros es imperante. La objetividad del pensamiento racional ha dejado de lado el mundo interior del individuo por considerarlo carente de sentido lógico. Sin embargo, la literatura muestra cada vez más la insatisfacción del ser humano ante el progreso, así como la insignificancia de las soluciones racionales que ofrece el mundo moderno a su existencia problemática. Como barómetro de la condición humana, la literatura hace patente la presión racionalista que se ejerce sobre la subjetividad y que estalla al enfrentarse a las contradicciones de los grandes discursos de la lógica
Vivir y repensar lo vivido, hacer memoria y hallar aliciente en las palabras usadas es una hermenéutica profunda del ser al que todos involuntariamente nos sometemos algunas veces. El discurso de la modernidad, adecuado en momentos transcendentales para el progreso de la sociedad, ha trastocado al espíritu humano, lo ha llevado a un hiperindividualismo irracional en aras de satisfacciones económicas y narcisistas que sólo hallan plenitud bajo el eslogan de la moda y el consumo. De esta manera existe poca o nula plenitud en el ámbito personal, porque el mundo subjetivo del ser se abandona para darle espacio a construcciones prefabricadas que terminan por ahogar una esencia geninuna del yo. 

sábado, 15 de enero de 2011

Golem mal hecho

Irremediablemente, muy de vez en cuando, me llegan unas ganas locas de que me ames, hoy es uno de esos días. Hace un año las noches frías las pasaba recostada en tu cama y sin mucho qué decir sólo contemplaba tu espalda, rumiaba frases de amor que tal vez me pudieras dar, pero no existías verdadero frente a mis ojos, te creaba con mis dedos y mis gemidos. Disfrazado pasabas tus brazos por mi espalda y tu aliento oxidado se posaba en mis labios diciendo cosas amorosas, sin embargo, era yo quien daba forma genuina a la cosa amorfa tirada a mi lado, con ella construí tu mejor imagen, la mejor caracterización que cualquier otra te ha dado, te esperancé con las mejores cualidades, doté tu existencia de un sentido razonable, nada desdeñable ante los ojos de los demás, en fin, te postulé para puestos importantes en mi vida, cargos pesados para tamaño golem mal hecho.

martes, 28 de diciembre de 2010

A veces creo que mi vida ha llegado a una conclusión inesperada, que ya no tengo mucho qué hacer ni qué decir, porque un etapa de mi existencia ha terminado, se cierran ciertos círculos y no tengo certeza de que algunos otros se abran. Si cabe esperar es por algo absolutamente nebuloso, frío y objetivado por una cabeza llena vacuos pensamientos que siguen sin llevarme a algún lado. No presiento si las cosas irán bien o mal, y eso me asusta, sin embargo entre la soledad de la una, y multitud de voces que se agolpan en las paredes de mi cerebro, existe el sonido de mi mente leyendo esto,encarando cada frase para saberme un poco más yo.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Antídoto recurrente

Caen sobre mis ojos las imágenes viejas de los momentos vividos con otras personas, recuerdo lo que hacía en tiempos pasados con gente que ahora ya no figura en mi vida. Me pregunto ¿cómo fluye la existencia de los otros?, ¿han hecho realidad sus planes o se sumergen como yo en proyectos futuros tal vez inalcanzables? No sé, no sé dónde están todos aquellos que sonríen en mi memoria, ésos que lloran unas veces y que gritan de hilaridad otras. Recuperar en momentos de soledad la tristeza y la felicidad de antaño se vuelve en un antídoto recurrente para soportar el presente.