miércoles, 1 de octubre de 2014

Día 8

Dejé el Facebook hace unos días, ¿qué he conseguido de esto? Menos cigarrillos y 10 cuartillas de un texto amorfo que no tengo las más remota idea para qué funciona o a qué obedece, simple y sencillamente fluye todos los días. El tema se ofrece a la imaginación y los dedos escriben. Existe una especie de estado alterado de la conciencia donde mis oídos se quedan un poco sordos, escuchan el eco de la realidad del otro lado. La mente cierra una parte y se abre otra. Aunque al mismo tiempo mantengo la atención para lo que pasa afuera, siempre le presento mayor contento a este lado de la realidad donde el sonido del reloj se acompasa con el latir de mi corazón sobre mis párpados cerrados. Nada existe acá que no sea posible, viajo en una especie de corriente donde cada murmullo se amolda a mi cuerpo y a lo que quiero decir.   
            Empiezo a creer en la mentada pulsión que los escritores sienten por escribir. En algunos momentos de mi vida había sido experimentada, pero casi siempre la anegaba y abandonaba, me sentía incapaz para decir todo esto que ahora puja por salir. Y quién sabe a dónde me lleve, no sé si mañana continúe, a lo mejor se pasa la euforia en cuanto termine mi síndrome premestrual, o tal vez consiga salir de la seudodepresión que invade mi metabolismo; ni idea, ni deseo de averiguarlo. Ahora sólo me dejo navegar y que el cursor decida.
           
En el día 8 de este texto, así son las cosas. 

sábado, 8 de marzo de 2014

Ya va siendo hora de que te dedique unas palabras, ya es tiempo de que recuerde un poco de ti y que comente sobre la distancia tan honda que tocaste dentro de mí. No sé si el destino se empeña en ponernos frente a frente, pero últimamente te veo hasta en la sopa, he querido acercarme y saludarte, hablarte y escapar a un espacio ajeno donde no exista el tiempo.
Hace unos días pasé junto a ti y toqué tu espalda, tú no te diste cuenta. Sentí la suavidad de la tela de tu camisa y recordé esa misma sensación que sentía al hablar contigo, ese infinito de ser y no ser al mismo tiempo, de estar aquí y en otro lado a la vez.
Ahora sé que nos engañamos al querer estar juntos, lo nuestro no era terreno, lo de nosotros era otra conexión, por eso la arruinamos. Nos obligamos a querernos aquí y ahora, en este mundo que todo lo transforma y desgasta, forzamos una entrega y nos perdimos en ella.
Ahora te veo y te extraño, te ocupo conmigo a mi lado, para decirnos que no somos y que no estamos para lo nuestro, que si algo existe entre tú y yo no es un amor de éstos, sino de aquéllos que se visualizan sólo cuando soplas un diente de león, sólo cuando las gotas caen y se derraman y son menos que nada y más del todo. El todo entre nuestras manos, ahora vacías.